Convivimos diariamente con las marcas, estamos expuestos a más de 300 anuncios al día, y, como consecuencia de ello al pensar en marcas, resulta inevitable que nuestra mente dibuje logotipos, forme colores o repita eslogans. Lo más curioso de todo, es que algunas de ellas son capaces de aparecer en un alto porcentaje de personas tan solo con pensar en la palabra “marca”.
Estas son las llamadas marcas de éxito, y su cualidad se debe por un lado, a que se diferencian perfectamente en la mente del consumidor respecto de otras marcas, resultando esta diferencia un hecho relevante para sus necesidades y, por otro lado, suscitan una alta estima y una gran familiaridad en su mercado objetivo.
A través de la publicidad intensiva podemos incidir directamente sobre las claves para posicionar una marca de forma exitosa. Debemos tratarla como una útil herramienta destinada a ajustar la diferenciación, estima y familiaridad de la marca.
Para desarrollar la imagen de marca no basta solamente con cumplir los requisitos de éxito anteriormente mencionados. Además, se deberá tener en cuenta que la experiencia de marca concuerda con la imagen de marca establecida.
Esto se traduce en una continua supervisión de cada contacto que el consumidor pueda tener con la marca ya que el momento de la verdad se puede ver afectado de forma negativa por múltiples factores, desde el mal estado del embalaje a una atención de baja calidad por parte del empleado.
En conclusión, la eficacia de la marca depende de su buena imagen ligada a una experiencia de marca positiva por parte del consumidor.
Autor: Mariano Roldán (Consultor en Marketing Estratégico) Projecta Comunica




